Y volvió, en medio de los muertos de Agatha, del frío que se cuela por que el solecito no ha salido desde ayer, en medio de las mil palabras que tenía que escribir. Volvió.
No es que aún se me contraiga el corazón cuando lo oigo. No es más bien esa sensación de soledad, ese vacío enorme que es como un hoyo negro en medio del pecho.
Ese vacío que sólo con él sentí.
Ese vacío inmenso, que crecía y hacía que me faltara el aire. Esa espantosa sensación de la nada.
Volvió.
Y hoy, con mi parsimoniosa diplomacia, por que tengo una incapacidad enorme para decir no, le dije "dudo que eso vuelva a pasar".
Por que no quiero que él vuelva a mi vida, por que quiero encontrar mi lugar en esta vida, por que quiero hacer las cosas bien.
Y principalmente, por que quiero quererme.
Por eso y más, le dediqué ese "dudo que eso vuelva a pasar".
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domingo, 30 de mayo de 2010
sábado, 1 de mayo de 2010
One Art
Este poema lo vi en "In her Shoes", desde entonces me gustó y hoy lo recordé. No sé por qué exactamente. Pero además descubrí que Elizabeth Bishop es considerada "la poeta de los poetas".
Así, que dejo a la maestra.
One Art
by Elizabeth Bishop
The art of losing isn't hard to master;
so many things seem filled with the intent
to be lost that their loss is no disaster.
Lose something every day. Accept the fluster
of lost door keys, the hour badly spent.
The art of losing isn't hard to master.
Then practice losing farther, losing faster:
places, and names, and where it was you meant
to travel. None of these will bring disaster.
I lost my mother's watch. And look! my last, or
next-to-last, of three loved houses went.
The art of losing isn't hard to master.
I lost two cities, lovely ones. And, vaster,
some realms I owned, two rivers, a continent.
I miss them, but it wasn't a disaster.
--Even losing you (the joking voice, a gesture
I love) I shan't have lied. It's evident
the art of losing's not too hard to master
though it may look like (Write it!) like disaster.
Así, que dejo a la maestra.
One Art
by Elizabeth Bishop
The art of losing isn't hard to master;
so many things seem filled with the intent
to be lost that their loss is no disaster.
Lose something every day. Accept the fluster
of lost door keys, the hour badly spent.
The art of losing isn't hard to master.
Then practice losing farther, losing faster:
places, and names, and where it was you meant
to travel. None of these will bring disaster.
I lost my mother's watch. And look! my last, or
next-to-last, of three loved houses went.
The art of losing isn't hard to master.
I lost two cities, lovely ones. And, vaster,
some realms I owned, two rivers, a continent.
I miss them, but it wasn't a disaster.
--Even losing you (the joking voice, a gesture
I love) I shan't have lied. It's evident
the art of losing's not too hard to master
though it may look like (Write it!) like disaster.
lunes, 26 de abril de 2010
Niña fresa
Bueno, qué esperarse cuando una sale de un colegio de señoritas.
Soy una niña fresa.
Detesto el transporte público, por público y colectivo.
Amo mi espacio. Mi orden y mi desorden, dependiendo de donde esté.
Soy un tanto maníatica con el orden.
Me gusta ver las cosas en fila y en su lugar.
Me gusta que no irrumpan en mi espacio.
Incluso hasta en los lugares donde no se debe, como los centros comerciales.
Tampoco me gusta mucho la gente.
Esa que se multiplica por todos lados, en la calle, en metro, en multi, en el cine, en el bus...esa gente que pregunta una vez y uno le contesta y le vuelven a preguntar lo mismo por que creen que por alguna extraña razón por que pregunten otra vez van a cambiar las cosas.
O la gente que oyendo la respuesta vuelve a preguntar, por pura necedad.
Quizá soy un tanto misántropa, o un tanto odiosa, o un tanto creída.
No lo sé, pero si es el último, es de familia.
Lo mismo le han dicho siempre a mi madre, alias Nayomi.
Y a mi abuela. Y a mi tía.
Total.
Soy una niña fresa.
De esas que nunca han estado en ciertas partes de San Salvador y tienen poco o ningún interés en estarlo.
De esas que para ir a otros sitios solo van si las llevan en carro.
De esas que no le hablan a cualquiera.
De esas que compran choris en la Gavidia.
De esas que se van a ver el clásico a Tucson...por que hay 2x1 en varios platos.
De esas que no comen helados Sarita.
Jajajajaja.
So wannabe!!!!
Jajajaja
En fin, soy una niña bien, una niña fresa.
Reclamos, dile a mi papi, ¿no?
Soy una niña fresa.
Detesto el transporte público, por público y colectivo.
Amo mi espacio. Mi orden y mi desorden, dependiendo de donde esté.
Soy un tanto maníatica con el orden.
Me gusta ver las cosas en fila y en su lugar.
Me gusta que no irrumpan en mi espacio.
Incluso hasta en los lugares donde no se debe, como los centros comerciales.
Tampoco me gusta mucho la gente.
Esa que se multiplica por todos lados, en la calle, en metro, en multi, en el cine, en el bus...esa gente que pregunta una vez y uno le contesta y le vuelven a preguntar lo mismo por que creen que por alguna extraña razón por que pregunten otra vez van a cambiar las cosas.
O la gente que oyendo la respuesta vuelve a preguntar, por pura necedad.
Quizá soy un tanto misántropa, o un tanto odiosa, o un tanto creída.
No lo sé, pero si es el último, es de familia.
Lo mismo le han dicho siempre a mi madre, alias Nayomi.
Y a mi abuela. Y a mi tía.
Total.
Soy una niña fresa.
De esas que nunca han estado en ciertas partes de San Salvador y tienen poco o ningún interés en estarlo.
De esas que para ir a otros sitios solo van si las llevan en carro.
De esas que no le hablan a cualquiera.
De esas que compran choris en la Gavidia.
De esas que se van a ver el clásico a Tucson...por que hay 2x1 en varios platos.
De esas que no comen helados Sarita.
Jajajajaja.
So wannabe!!!!
Jajajaja
En fin, soy una niña bien, una niña fresa.
Reclamos, dile a mi papi, ¿no?
sábado, 3 de enero de 2009
Aquel absurdo
El 29 y el 30 fui a trabajar en el servicio público colectivo. Para variar, por una vez en el año, llegué en un tiempo prudencial al trabajo.
Además de este portento, iban razonablemente llenas. No tuve, como en otras ocasiones dejar pasar miles de “costers” por que llevan a gente literalmente colgando de la puerta. Ni opte por mi eterno plan B, es decir abordar una 42C.
Por primera y única vez en el año pude salir pasadas las 8:00 de mi casa y llegar antes de las 8:30. Quisiera que esos portentos se repitieran más a menudo, fuera de los períodos de vacaciones, pero que va, los microbuseros, en especial nos seguirán deleitando con su especial sentido de la cortesía.
Uno de tantos días que iba yo apretujada en el micro, pero era mediodía y no iba a trabajar, el conductor se bajó para pedirle a un señor que se hiciera más al fondo. Por Dios dije yo, el que diga por favor no significa que esté respetando a los usuarios.
No entiendo por qué esas carreras contra los otros microbuses, que lo hacen subir a uno a toda carrera y aquellos arrancones de cuarto de milla que ni al caso para el servicio público. Y lo peor de todo, es que esta humilde reflexión no servirá de nada más que para mi desahogo.
¿Creen ellos que por decir “Por favor” son educados y respetuosos? Bueno, tampoco nos podemos quejar mucho por que los usuarios también nos dejamos. ¿Cuántas veces no nos hemos subido en un bus o microbús que viene hasta las ventanas de gente?
Eso tampoco ayuda. Pero en general creo que Don Respeto no viaja en bus.
En más de alguna ocasión golpié o patié o empujé a alguien en la subida o bajada o permanencia en el bus. Ah bueno, sí. Una vez hasta lo planeé.
Iba yo de regreso a mi casa de la u en un micro de la 5. El único asiento vacío era junto a un joven, ni apuesto ni educado, que no tuvo la cortesía de cerrar las piernitas cuando me senté junto a él.
Es más, si no mal recuerdo, hasta se acomodó más. Ante esto me indigné. Entonces, decidí vengarme, jajaja, sí como no V for vendetta. Total, en esa época andaba un mi gigantesco bolsón con varios libros –para variar estábamos haciendo una investigación bibliográfica- entonces, me dejó todo el camino con la ley de Horacio, “cómo que me gustara este indigesto”, pensé yo.
Total llegó la hora de bajarme y el tipo seguía muy campante dándole espacio aquello que ya conocemos. “Bueno time come has”, dije yo en mis adentros. Y cuando me bajé agarré el bolsón del tirante de manera q cuando me lo colgara del hombro le golpeara el hombro toda la carga bibliográfica que llevaba, además de imprimirle mayor fuerza al giro correspondiente.
Espero que le haiga dolido, jejeje. Pero en general, los golpes, apachurrones de dedo –el gordo podrá relatar una experiencia bailable sobre eso- y empujones han sido sin intención.
Aunque, en mi caso es producto del despiste, creo que las señoras que andan en buses las más peligrosas.
Por que golpean con las carteras, agarran el hombro de uno de mesita para colocar lo que sea que lleven, al agarrarse del asiento le agarran a uno el cabello, le meten las uñas, lo empujan por que la fila no avanza y siente que el bus se la va a llevar Dios sabe dónde –a lo mucho dos cuadras más-, le puyan el ojo a la gente, se bajan y en lugar de hacerse más adentrito en la acera y esperar que el bus se vaya para cruzar la calle¡¡¡¡¡ nooooooooo!!!!! Se plantan en frente de la puerta de lo que sea, con aquel montón de gente que se está bajando caramba, ¿¿¿¿¿¡¡¡qué no se fijan que son atraso??!!!! Y ya mejor ni sigo.
Bueno, total que al pueblo cuscatleco nos hace falta educación. En todos los aspectos…aunque, buscando ser justos. Siempre hay un microbusero buena gente que le para a uno enfrente de LPG cuando está lloviendo o que le avisa dónde bajarse cuando uno no conoce, eso, no lo neguemos.
Además de este portento, iban razonablemente llenas. No tuve, como en otras ocasiones dejar pasar miles de “costers” por que llevan a gente literalmente colgando de la puerta. Ni opte por mi eterno plan B, es decir abordar una 42C.
Por primera y única vez en el año pude salir pasadas las 8:00 de mi casa y llegar antes de las 8:30. Quisiera que esos portentos se repitieran más a menudo, fuera de los períodos de vacaciones, pero que va, los microbuseros, en especial nos seguirán deleitando con su especial sentido de la cortesía.
Uno de tantos días que iba yo apretujada en el micro, pero era mediodía y no iba a trabajar, el conductor se bajó para pedirle a un señor que se hiciera más al fondo. Por Dios dije yo, el que diga por favor no significa que esté respetando a los usuarios.
No entiendo por qué esas carreras contra los otros microbuses, que lo hacen subir a uno a toda carrera y aquellos arrancones de cuarto de milla que ni al caso para el servicio público. Y lo peor de todo, es que esta humilde reflexión no servirá de nada más que para mi desahogo.
¿Creen ellos que por decir “Por favor” son educados y respetuosos? Bueno, tampoco nos podemos quejar mucho por que los usuarios también nos dejamos. ¿Cuántas veces no nos hemos subido en un bus o microbús que viene hasta las ventanas de gente?
Eso tampoco ayuda. Pero en general creo que Don Respeto no viaja en bus.
En más de alguna ocasión golpié o patié o empujé a alguien en la subida o bajada o permanencia en el bus. Ah bueno, sí. Una vez hasta lo planeé.
Iba yo de regreso a mi casa de la u en un micro de la 5. El único asiento vacío era junto a un joven, ni apuesto ni educado, que no tuvo la cortesía de cerrar las piernitas cuando me senté junto a él.
Es más, si no mal recuerdo, hasta se acomodó más. Ante esto me indigné. Entonces, decidí vengarme, jajaja, sí como no V for vendetta. Total, en esa época andaba un mi gigantesco bolsón con varios libros –para variar estábamos haciendo una investigación bibliográfica- entonces, me dejó todo el camino con la ley de Horacio, “cómo que me gustara este indigesto”, pensé yo.
Total llegó la hora de bajarme y el tipo seguía muy campante dándole espacio aquello que ya conocemos. “Bueno time come has”, dije yo en mis adentros. Y cuando me bajé agarré el bolsón del tirante de manera q cuando me lo colgara del hombro le golpeara el hombro toda la carga bibliográfica que llevaba, además de imprimirle mayor fuerza al giro correspondiente.
Espero que le haiga dolido, jejeje. Pero en general, los golpes, apachurrones de dedo –el gordo podrá relatar una experiencia bailable sobre eso- y empujones han sido sin intención.
Aunque, en mi caso es producto del despiste, creo que las señoras que andan en buses las más peligrosas.
Por que golpean con las carteras, agarran el hombro de uno de mesita para colocar lo que sea que lleven, al agarrarse del asiento le agarran a uno el cabello, le meten las uñas, lo empujan por que la fila no avanza y siente que el bus se la va a llevar Dios sabe dónde –a lo mucho dos cuadras más-, le puyan el ojo a la gente, se bajan y en lugar de hacerse más adentrito en la acera y esperar que el bus se vaya para cruzar la calle¡¡¡¡¡ nooooooooo!!!!! Se plantan en frente de la puerta de lo que sea, con aquel montón de gente que se está bajando caramba, ¿¿¿¿¿¡¡¡qué no se fijan que son atraso??!!!! Y ya mejor ni sigo.
Bueno, total que al pueblo cuscatleco nos hace falta educación. En todos los aspectos…aunque, buscando ser justos. Siempre hay un microbusero buena gente que le para a uno enfrente de LPG cuando está lloviendo o que le avisa dónde bajarse cuando uno no conoce, eso, no lo neguemos.
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